12 de fevereiro de 2017

assemblage (bruxelas)


un negro grita en el medio de la avenida, en la mañanita: Le soleil!!!!!! il faut en remercier!!! y cierra los ojos alzando las manos hacia el cielo, arrodillandose ante los dioses. nosotros enfilamos las manos heladas en los bolsillos y desaparecemos por las callejuelas frías.

lo primero que vi en bruxelas fue amsterdam en sus casas, pero antes de llegar a la ciudad vi Faro en el aeropuerto por las obras, la confusion de caminos, los desvios, la reconstruccion (y eso es tan literal cuánto, o sobretodo, metafórico). allí había un mar azul claro y dibujos de sal en la costa. tambien vi alemania en los arboles desnudos y la nieve al costado de la ruta, ese hielo latiente de la espera: porque todo se derretirá un dia.

todas las ciudades se parecen despues de un tiempo. en cada detalle encuentro otra ya vivida y no me hacen más ilusion los escaparates de los negocios antiguos, las casas de vinylos, los libros usados. ya no quiero vivir aqui, tener aquella ventana que da a la plaza y al nacer del sol, adoptar con ahinco una cultura lejana a la mia. es asi con las personas tambien, no? las que conocemos se van poblando de quienes vivimos en el pasado. ya no nos parecen tan nuevas, tan unicas, sino un assemblage de personas que son parte de lo que fuimos. al final nuestra unicidad no es más que el modo como se combinan los pedazos de otros.
pero lo asombroso de todo esto es la falta de urgencia: porqué vivirlo todo si es tan facil volver? porqué el wafel, la cerveza, los chocolates? la sensación de conocerlo todo, haberlo visto cien veces, haberlo probado tocado comido. la facilidad esa con la que nos movemos gracias a la homogeneidad de las cosas.
con las personas tambien es asi: turismo ryanair. selfie. un recuerdo barato, made in china. una busqueda utopica: porque aqui la plata, alla el sol, alla la nieve, después el mar, el mar, el mar.
la lluvia.


5 de fevereiro de 2017

implosión




que bonito y asombroso es no saber nada.

ayer hubo musica en una cueva. de nuevo el mundo subterráneo (la musica). ahí los códigos son también mirada, y cada mirada es código. A nos llevo a conocer su antigua escuela, el barrio, la plaza de los primeros: la primera cerveza, el primer cigarrillo, el primer beso, el primer amor. ahí envidié dulcemente la adolescencia urbana, olvidé cruelmente el valor de la adolescencia de riachuelos y perfumes de rosas.

al llegar a casa, A nos conto que habían "asesinado" un paciente. desconectaron las máquinas porque no quedaba más esperanza. ese es el verdadero fin de todas las cosas.

no he leído. paris ES, mas allá de todo lo escrito. cada calle, un mensaje: il faut se méfier des mots.
la vivo entre el extremo amor y el miedo a que no me quepa dentro. a la frieza. sus gentes. la realidad cruda escondida tras esta belleza incontenible, sus vísceras. ese vértigo de las ciudades mágicas e inabarcables. superposición de imágenes colores olores palabras. Yves Klein: azul. sí, azul.
siento despertar un antiguo sueño dormido: quiero que paris me (re)componga, que sea parte de mi.

Magritte: el arte como una metáfora de si misma. la importancia de la des-ilusión, salir de la cueva: existe una verdad intrínseca a las cosas (al apariencia de las cosas)? pero todos vivimos dentro de la caverna dentro de la caverna: la sombra de la sombra de la sombra. (o la memoria de la memoria de la memoria y la sombra del hombre dentro del hombre dentro del hombre).
me dejo guiar por el instinto. ya no digo “eso no me gusta”. ahora: eso no lo conozco. eso no lo entiendo (aún).

el arte no me importa tanto como un fin, pero si como un medio. la harmonia, la proporción, el color, todo son estrategias para atrair la mirada, trampas para transportarnos hacia una inquietud profunda. aunque también creo en la belleza por la belleza: un respiro. como la caricia del sol, una reacción química. nada más.

me lleno hasta el vacío: un implosión.

pienso en cómo, a pesar del romanticismo del momento presente y de la idea de "estar", la memoria es más determinante que la realidad. paris, bruxelles, liége...lo que realmente importa, al final de todo, no es el ahora, el momento de vivirlas, sino aquello que recordaré mañana, aquello que me atravesará al escuchar su nombre tras la frontera. los destellos de lo vivido en cada acción posición reflexión.

paris s'éveille


paris antes del amanecer. silencio subterráneo.
todo es material: el rojo. las estaciones metro y su harmonia estética. Montparnasse.
ascender. el cielo enrojece despacio mientras la luna nos ausculta, nuestros pasos cuesta arriba nuestras narices rojas de frío nuestros ojos incrédulos. estamos solos y todo nos pertenece. un hombre camina las calles naranjas debajo de nosotros. él y su sombra, cómo puede ser que esto ya lo haya visto tantas veces?
Paris s'éveille. sonido por sonido. chimenea por chimenea. a cada soplo de claridad. a cada farola apagada.
me detengo a mirar la ciudad. tengo miedo de perder cada tonalidad, cada segundo de cambio de la luz.
por eso escribo.
por eso dejo de escribir.

ahora mismo no tengo miedo




rue de belleville.


me detengo: una pared en blanco. media hora de nada. en el café, mesas de madera oscura. un hombre habla solo apoyado al balcón, me mira de a ratos, buscando en mi la aprobación de un diálogo de lógica incierta. escucho dos hombres que hablan portugués con acento de distancia. juegan al totoloto: uno le indica los números al otro que los anota con tamaña naturalidad. dos asiáticos leen el periódico comunicándose en un idioma extraño de una mesa a otra, un ojo en el periódico otro en la televisión. nos miramos a veces: la union de ser entre identidades. aquí todos somos extranjeros y compatriotas a la vez. en la television, cavallos.


ahora mismo no tengo miedo.

recordé cuando europa, desde lejos, se parecia a una maquina de ruleta de alienados. consumo. superficialidad. la lejanía de la tierra y del hombre en estado salvaje. el hombre que es la tierra que es el universo. nosotras que caminábamos en chanclas por meses y que lavábamos la ropa a mano, y eso es quando había tiempo pero no andábamos sucias, no, andábamos desnudas de necesidades ilusorias cappuccino y cigarrillos, cuánto cuesta el ingreso al club? el sueldo minimo, que es? o mejor, que era? ahora me veo aqui, mi reflejo en los escaparates por la noche, y pienso, en que pienso, en los tacones rojos que me compraria si viviera aqui, y en la chaqueta verde y los pantalones amarillos de terciopelo, la camisa de flores azules, porque me llenaría de colores solo de pensar “J’habite a Paris” y sin embargo nunca he necesitado la ropa como una metáfora del sentimiento.

A y M me preguntaban porqué, que hay en su ciudad que la vuelve tan encantadora. creo que les describí la escena del bar de belleville, pero quizás no, aquella es Belleville, la ciudad en la ciudad, el mundo en la ciudad, no Paris. pero afuera, también: los crepes a 2,5€ en el argentino cerca de Saint-Germain-de-Prés: vení, prová, sentáte. el club privado donde los códigos y los “quien eres, que tocas, tu chantes?” ojalá. la ciudad que despierta y yo que escribo a prisa porque se me congelan los dedos, debajo del Sacre-coeur. la viejita que baila y canta La foule en un cafe de Montmartre a las 9h de la mañana.

porque he tardado tanto en volver?

siempre yo y el miedo: el miedo de no encontrar más esa paris de bertolucci y gainsbourg y piaf y cortazar (ah). el miedo de no encontrar más esa ciudad de cine, pero es mejor: es la vida como en el cine. es vivir envuelto en una bruma azul crepúsculo y rojo y rojo y rojo.



la superficíe de las cosas



el mundo a la superficie, la magia de lo intocable: las montañas y la nieve que se funde lentamente en la tierra, las nubes de algodón y de azúcar, el sol siempre ahí, o quizás la luna: los mapas tendidos sobre la mesa o sobre la ruta, un catálogo o quizás el recuerdo: imágenes, tan solo eso - luz y sombra. un juego de contrastes cromáticos. pero cuándo estás ahí, bien cerca de las cosas, adentro de las cosas, caminando descalza sobre el hielo rayado, de puntillas sobre una roca con los pies heridos y le miras fijamente a la gente de ojos brillantes hasta que te adentras en ellos y adentro la oscuridad o quizás la nada, el vacío del espejo empañado después de la ducha caliente. donde ha quedado el brillo resplandeciente de todo lo intocable y distante?
sigo huyendo y algunos me dicen “qué coraje” y yo les contesto Ojalá, ojalá pudiera quedarme, si tan solo lo supieras.
pero esta casa y estas calles y estas caras, los saludos de buenos dias, la mesa del café más bonito: de nuevo, de nuevo!! me repito porque el mundo se repite y yo creo saberlo todo, por eso me voy, para vivir a la superficie de las cosas, para mentirme a mi misma apoyada a la ventanilla del avion del tren del bus de mis ojos.

8 de janeiro de 2017

tu veux dire qu'il é étrange ?
non, je veux dire qu'il é étranger: ça veut dire que son monde est impenetrable.

(en compagnie d'antonin artaud)

5 de janeiro de 2017

viaje a la frontera (carta a M)


Este fin de semana nos fuimos de viaje en un mercedes rojo. Seguimos las curvas del Douro con una caja de cerezas hacia un pueblo de la frontera. Allí nos bañamos en un rio de águas tibias donde pastaban las cabras y en otro helado, que nos separaba de España: los celulares sonaron para informarnos del roaming, y aunque sí seguíamos en nuestro país, había en aquellos campos y pueblos de piedra un sentimiento foráneo. Allí aún hay gentes que te saludan con matamoscas y que te hablan infinita y lentamente para que te quedes toda la tarde. Algo tan sencillo como un auto rojo y cuatro jóvenes aún puede ser la revolución en donde los pasos de un hombre en la tarde son el único indicio de vida humana entre paredes de piedra oscura. Las mujeres visten de negro, tienen bigotes gruesos y blancos y se reúnen en la puerta de sus casas: son aquellas las mujeres portuguesas de verdad? También estuvimos solos con las águilas en vuelo y los bichitos del campo.